¿Sabías que la forma en que respiras puede cambiar cómo se siente tu cuerpo? Cuando respiras por la boca, tu cuerpo cree que estás en una situación de estrés. Pero cuando respiras por la nariz, tu cuerpo se relaja y se siente seguro.

Respirar por la boca activa el modo alarma
Cuando respiramos por la boca, el cuerpo entra en “modo alarma”. Eso significa que se activa el sistema simpático, el sistema del estrés. Este sistema controla ciertos órganos durante situaciones que requieren activación rápida: prepara al cuerpo para correr, pelear o escapar. Por eso, si estás respirando por la boca todo el tiempo, puedes sentirte más nervioso, cansado o ansioso… incluso si todo está bien.
Respirar por la nariz activa la calma
En cambio, cuando respiras por la nariz, tu cuerpo se siente en calma y seguro. La nariz está diseñada para respirar: tiene pelos que filtran el aire, lo calienta, lo limpia y además activa un gas llamado óxido nítrico. Este gas ayuda a que el aire llegue mejor a los pulmones, abre los vasos sanguíneos y relaja el cuerpo y la mente. Así se activa el sistema parasimpático, el sistema de la calma.
¿Ves la diferencia? Respirar por la boca significa estrés, mientras que respirar por la nariz significa calma. Es como tener dos botones: uno de alerta y otro de tranquilidad. Tú puedes elegir cuál presionar simplemente cambiando la forma en que respiras.
Beneficios de la respiración nasal y diafragmática
Cuando respiras por la nariz y usas el diafragma, un músculo debajo de tus pulmones, tu respiración se vuelve más lenta y profunda. Esto calma tu corazón, mejora tu concentración y te ayuda a dormir mejor. De esta forma, el cuerpo puede descansar, repararse y sentirse seguro.
Numerosos estudios en niños y adultos muestran que respirar por la nariz reduce la ansiedad, mejora la postura e incluso la forma de la cara. En cambio, la respiración por la boca, especialmente durante la noche, puede provocar ronquidos y apneas del sueño, un trastorno grave en el que la respiración se detiene y comienza repetidamente.
Cómo mejorar tu respiración nasal
Existen ejercicios simples para entrenar tu respiración nasal:
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Ejercicio de las fosas nasales: cierra una fosa nasal con el dedo y respira profundamente por la otra. Luego cambia de lado.
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Respiración diafragmática: acostado o sentado, coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen. Respira asegurándote de que el abdomen se eleva más que el pecho.
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Técnica 4-7-8: inhala por la nariz durante cuatro segundos, mantén la respiración siete segundos y exhala lentamente por la boca durante ocho segundos.
También es importante mantener tus mucosas hidratadas para facilitar la respiración: bebe suficiente agua, usa humidificadores y limpia tus fosas nasales con soluciones salinas regularmente.
Recuerda, la boca respira estrés… pero tu nariz respira calma.